
Entre el codesarrollo y la explotación: la otra cara del trabajo de las temporeras marroquíes
Cada año, miles de mujeres marroquíes viajan a Huelva para participar en la campaña de recolección de fresas, en medio de un sistema de contratación en origen que genera tanto esperanzas como controversias. Entre los relatos de éxito y empoderamiento, persisten también realidades de precariedad y explotación que marcan la experiencia de la mayoría de estas trabajadoras migrantes. Tal como señaló un medio español, al terminar la campaña fresera en Huelva, nueve mujeres marroquíes han podido regresar a su país con la ilusión de continuar sus propios proyectos: panaderías artesanales, cooperativas textiles o pequeños negocios de ganadería. Estas iniciativas son fruto del programa GECCO, impulsado por la Diputación de Huelva, la empresa Agromartín y la Fundación Cepaim, que ofrece formación empresarial y acompañamiento a un reducido grupo de trabajadoras contratadas en origen.
El proyecto, que cumple su tercera edición en 2025, ha sido presentado como un modelo de codesarrollo innovador: mientras España recibe mano de obra para el campo, Marruecos gana emprendedoras capaces de dinamizar sus comunidades. Pero detrás de este relato positivo, surge una pregunta inevitable: ¿cuántos programas de este tipo existen realmente en el sector agrícola? La respuesta es dura: son excepciones que apenas alcanzan a unas pocas decenas de mujeres, frente a los miles que cada temporada cruzan el Estrecho para recoger fresas, frutos rojos o aceitunas en condiciones muy distintas.
Porque la realidad mayoritaria sigue siendo otra. Decenas de temporeras continúan enfrentando jornadas agotadoras, alojamientos precarios y salarios insuficientes. Algunas denuncias incluso han sacado a la luz situaciones de acoso, abusos de poder y vulneraciones sistemáticas de derechos laborales en los campos españoles. Mientras unas pocas logran convertirse en emprendedoras gracias al acompañamiento institucional, la gran mayoría sigue atrapada en un modelo de contratación temporal que las considera solo mano de obra desechable.
El contraste es evidente: mientras se celebran nueve cooperativas como símbolo de empoderamiento y progreso, miles de mujeres permanecen invisibles, sin acceso a programas de formación ni herramientas para transformar su experiencia migratoria en oportunidades reales. La iniciativa de Huelva puede ser un paso positivo, pero no debe ocultar que, en el sector agrícola, el codesarrollo es aún una excepción mínima frente a la explotación estructural de miles de trabajadoras migrantes.
Publicado el : 26 de agosto de 2025

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